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Los Diablos Rojos

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ARSENIO ERICO
Un genio del gol y jugador símbolo de todos los tiempos al que Independiente debe gran parte de su enorme popularidad. Al igual que Bochini, protagonista de una verdadera historia de amor con los hinchas, quienes lo amaron incondicionalmente. Nunca la adquisición de un futbolista resultó tan redituable como la suya. Con apenas 18 años llegó al club en 1924 proveniente de Nacional de Asunción.
Integrando un conjunto de la Cruz Roja paraguaya que realizó una gira por Argentina para recaudar fondos de asistencia a las víctimas de la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, fue observado por dirigentes de Independiente, quienes de inmediato dispusieron su incorporación. Erico respondió asi: en 325 partidos oficiales entre 1934 y 1946 marcó 293 goles, la marca máxima para un futbolista en la Argentina.
Pero si los números son contundentes, la fantasía de su juego era mucho más demoledora. Nadie que vió el arte incomparable de Arsenio Erico se refirió jamás a sus goles sino a su juego. Personalísimo, hábil, cimbreante, saltarín increíble que llegaba más alto con su cabeza que los arqueros con sus manos. Marcó una época y fue la superestrella de un Independiente pleno de grandes figuras.
Tuvo Arsenio Erico una particularidad que pinta su condición de crack de todos los tiempos: miles de simpatizantes de otros cuadros concurrían a los partidos de Independiente sólo por verlo a él. Erico desmintió rotundamente aquello de que el goleador debe ser un jugador de físico grande, de fuerza y con pocas condiciones técnicas. El rey del gol fue un exquisito.
Arsenio Erico nació en Asunción, Paraguay, el 30 de marzo de 1915 y su estreno en Independiente se produjo el 6 de mayo de 1934 ante Boca Juniors, en encuentro que terminó igualado 2 a 2. Junto a Vicente De la Mata y Antonio Sastre compusieron un trío de fábula. Entre los tres marcaron 556 goles. Goleador elegante, cabeceador histórico, habilísimo en espacios cortos, de estilo alegre y agresivo, Arsenio Erico falleció en 1977 en Buenos Aires, y en ese mimo instante ingresó en la inmortalidad del fútbol.

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VICENTE DE LA MATA
Como un simple reflejo de lo que llegó a ser en su dimensión de futbolista genial y de ídolo extraordinario de la hinchada roja vale reproducir estos dos cantitos creados por el ingenio popular: "¿A donde va la gente...? ¡¡¡A ver a Don Vicente!!!" y el otro: "La gente ya se mata por ver a De la Mata..."
Rey absoluto de la gambeta, cultor acérrimo del fútbol exquisito y elegante, producto de un fútbol señorial como la escuela rosarina, Vicente De la Mata llegó a Independiente a los 18 años, proveniente de Central Córdoba de Rosario, dónde aprendió a jugar al lado del genial Gabino Sosa. Venía de lograr una hazaña: siendo casi un adolescente fue llamado a la Selección Argentina para el sudamericano de 1937; Argentina y Brasil igualaron el primer puesto y debieron jugar un desempate. Siguieron igualados en los 90 minutos reglamentarios y debió recurrirse a un alargue. Allí ingresó el joven De la Mata y marcó dos goles que le dieron el título a Argentina.
Tras semejante consagración internacional, Independiente pagó por él el pase récord de 1937 y pasó a formar el terceto central atacante más extraordinario que se recuerde: De la Mata, Erico y Sastre. Entre los tres marcaron 556 goles en partidos oficiales de campeonato y siguen siendo, seis décadas mas tarde, los máximos goleadores independientistas en la era profesional.
"No recuerdo haber visto jamás a De La Mata hacer un pase antes de haber eludido, como mínimo, a dos rivales", relataba un viejo periodista. En realidad era un obsesivo de la gambeta. Eso le permitió el 12 de octubre 1939, convertir uno de los goles más celebrados de la historia de nuestro fútbol. Fue frente a River Plate y en el estadio Monumental. De la Mata recibió un saque de su arquero Fernando Bello, cruzó el campo de punta punta gambeteando a todos los rivales que le salieron al paso, a algunos de ellos dos veces, y venció al arquero Sirne. El gol soñado por cualquier futbolista. Al contemplar semejante obra, su compañero Antonio Sastre, emocionado le dijo: "Pibe, hiciste Capote..!". Desde ese día le quedó el apodo de Capote.
De la Mata debutó en Independiente en la fecha inicial del campeonato de 1937 y se retiró tras el torneo de 1950, 362 partidos y 150 goles más tarde. Fue campeón en 1938, 39 y 48. Por muchos años integró también la Selección Argentina. Nacido el 15 de enero de 1918, en Rosario, y fallecido en la misma ciudad el 4 de agosto de 1980 es una de las glorias más grandes de nuestro club. Llegó a ser entrenador de Independiente y su hijo Vicente también actuó varios años en la Primera División roja con suceso

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HUGO VILLAVERDE
Nadie puede dudar de que es el más extraordinario zaguero central de todos los tiempos de Independiente. Que no es poco decir a juzgar por los muchos cracks que ocuparon ese puesto. Tampoco se puede dudar de que será muy difícil que alguien pueda superarlo. El defensor que todo hincha idealiza: impasable, firme, decidido, fuerte, ganador, temperamental, dueño de una determinación asombrosa para la salvada postrera.
Al igual que Ricardo Pavoni, muchas veces cuando el gol rival parecía irremediable, ahí aparecía Villaverde para salvar sobre la raya y enloquecer de emoción a la hinchada. Poseedor de una velocidad y una justeza en el cruce hacia los laterales excepcionales.
Hugo Villaverde nació en Santa Fé el 27 de enero de 1954 y se inició en Colón de esa ciudad. Llegó a Independiente en 1976 y permaneció hasta 1991 en que se retiró del fútbol. Quince años de satisfacciones, títulos, corrección ejemplar y entrega absoluta a la camiseta. Unos meses antes de su llegada, Independiente había contratado también a Colón a su compañero de zaga Enzo Tossero, formidable back izquierdo con quien compusieron un binomio central extraordinario.
Una seria lesión en un tobillo en un encuentro de Argentina frente a Escocia, en 1979, lo tuvo algún tiempo inactivo e impidió su consagración internacional. Un crack de su estirpe merecía el escenario de un Mundial para que el reconocimiento fuera total. Cuatro veces campeón argentino (1977-78-83 y 88/89), una Copa Libertadores (1984) marcan una excelente foja de servicios.
Siempre que aparece un defensor con condiciones, cuando asoma una nueva promesa de crack, el comentario es el mismo:"Tiene cosas de Villaverde". A veces el comentario surge de algún parecido futbolístico, las más de las ocasiones es la ilusión de ver otro fenómeno igual el que motoriza la reflexión. Porque Hugo tiene en el corazón rojo el rótulo de inolvidable.

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JOSÉ OMAR PASTIRISA
Caudillo, líder, crack, ganador, Pastoriza tuvo la particularidad única entre todos los ídolos rojos de haber sido grande como futbolista y luego como entrenador del club. Entre ambas facetas suma 9 campeonatos ganados, todos muy celebrados.
Nacido en Rosario el 23 de mayo de 1942, se inició en Colón de Santa Fé, y de allí pasó al Racing Club. En 1966 lo contrató Independiente y permaneció hasta fines de 1972, en que fue transferido al Mónaco, de Francia. A mediados de 1976 volvió, ya como entrenador. En esta función tuvo varias etapas en el club, la última en 1991.
Jugador elegante, de magnífica pegada del balón, patrón de la mediacancha por sus condiciones técnicas pero también por personalidad, contribuyó enormemente a formar los sólidos grupos humanos que posibilitaron la formación de la célebre "familia roja" una mística que permitió al club obtener muchos campeonatos.
Empezó actuando en 1966 como número 5, al llegar Raimondo pasó como volante por derecha y con el tiempo, y por imperio de sus cualidades técnicas, terminó siendo el armador, el 10 del equipo. Imposible olvidar su golazo de tiro libre frente a River Plate en el Monumental que proporcionó, en el último minuto, el triunfo por 3 a 2 y la obtención del campeonato. O aquellos dos golazos, también de tiro libre, frente a Rosario Central que fueron determinantes para ganar la Copa Libertadores de 1972. En su notable cosecha, el "Pato" ganó, como jugador, los títulos argentinos de 1967-70 y 71 y la Copa Libertadores de 1972. Como entrenador obtuvo los campeonatos nacionales de 1977-78 y 83 y las Copas Libertadores e Intercontinental de 1984.
Gustaba jugar y hacer jugar el fútbol ofensivo, pero siempre condimentado con una fuerte dósis de temperamento. Inolvidable por su aporte, queridísimo por los hinchas.

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MIGUEL ANGEL SANTORO
Como Raúl Bernao, Daniel Bertoni, Manuel Seoane o Gustavo López, Miguel Angel Santoro tuvo la peculiaridad de ser ídolo e hincha de Independiente. Lo amaron desde pibes y fueron amados cuando grandes.
Nacido en Sarandí el 27 de febrero de 1942, hijo de un recordado arquero de Ferro Carril Oeste, "Pepe" soñaba con llegar al arco rojo. Y junto a Osvaldo Mura, Raul Bernao, Roberto Santiago y otros pibes del barrio fueron a probarse y quedaron en la novena división. El debut en Primera se produjo en 1962 (versus Argentinos Juniors, 0-0), y allí comenzó un largo idilio con el público rojo. Desde los tiempos de Fernando Bello el hincha no se veía tan identificado con un arquero como Santoro. Y justamente rivaliza con aquel el sitial de mejor arquero de la historia de Independiente.
En su primer año continuado en Primera División -1963- se consagró campeón argentino. Y en el segundo terminó de afirmarse cuando le cupo una actuación consagratoria en la final de la Copa Libertadores frente a Nacional de Montevideo. Allí se recibió de ídolo. Al año siguiente fue nuevamente decisivo al contener un penal en la semifinal frente a Boca Juniors. Y así fue toda su carrera, hasta fines de 1973, cuando fue transferido al Hércules, de España. Sobrio, ganador, de buena colocación y extraordinaria seguridad de manos, tenía la particularidad de los mas difíciles. Y por encima de sus grandes cualidades técnicas estaba su indiscutible amor por los colores, que se convertía en un recurso más. A su regreso de España, donde también dejó gratos recuerdos, "Pepe" fue director técnico de Independiente en Primera División (1980) y luego director de las Divisiones Inferiores. En su extensa campaña independientista, Santoro conquistó cuatro títulos argentinos (1963-67-70-71), cuatro Copas Libertadores (1964-65-72-73), una Copa Intercontinental (1973) y una Interamericana (1972).
A tantos años de su despedida, su recuerdo se mantiene intacto en el alma de los hinchas y siempre en las tribunas alentando como lo que siempre fue: un apasionado de la divisa roja.

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ENZO TROSSERO
El tipo de jugador que la gente idolatra porque deja el alma en la cancha: guapo, guerrero, fuerte, ganador. Pero, al mismo tiempo, de excelentes atributos técnicos: buen dominio del balón, mortífera pegada de zurda y muy buen cabezazo. Era la salida obligada del equipo: el arquero se la entregaba al borde del área grande y allí salía Enzo, cabeza levantada, dominando la situación, hasta llegar a la mediacancha o aún pasandola para entregar la pelota al compañero mejor ubicado.
Su gran sentido ofensivo le permitió, siendo zaguero, anotar 55 goles en 308 partidos. Jugador ideal para partidos clásicos o finales difíciles, en cualquier cancha. Un recuerdo lo pinta entero: en la semifinal del Campeonato Nacional 1978, contra Talleres, en Córdoba (partido de enorme rivalidad), recibió un terrible planchazo en la ingle izquierda al minuto de juego que le produjo una hematoma mayor aún que una pelota de tenis. Más de un jugador hubiese abandonado el campo de juego; Trossero fue la gran figura de la cancha, marcó el gol del empate con un impresionante tiro libre e Independiente, que perdía 1-0 desde el arranque mismo, se impuso 2 a 1. Ese era Enzo Trossero y por eso fue un ídolo enorme de la hinchada.
Enzo nació en Esmeralda, Provincia de Santa Fé, el 23 de mayo de 1953 y comenzó en Sportivo Belgrano se San Francisco, Córdoba. Luego pasó a Colón, de Santa Fé, y en 1975 llegó a Independiente, donde tuvo dos etapas: desde 1975 a 1979, cuando fue transferido al Nantes, de Francia, y desde 1981 a 1985. En ese lapso conquistó tres títulos argentinos (1977-78 y 83), una Copa Libertadores (1984) y una Intercontinental (1984). En la edición especial que la revista "El Gráfico" publicó con motivo de los 90 años de Independiente, el prestigioso semanario lo ubica junto a su gran compañero Hugo Villaverde como los dos mejores zagueros de la historia roja.

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ANTONIO SASTRE
Monstruo sagrado del fútbol, genio y patriarca, crack y señor. Considerado unánimemente como el jugador más completo del fútbol argentino en virtud de sus variadas condiciones y de haber jugado, y haberse destacado ampliamente en varios puestos. Notable gambeteador, guapo, inteligente, autor de 112 goles en partidos oficiales de campeonato pese a jugar muchas veces en posiciones de retaguardia, ganador nato.
Tuvo la suerte de debutar junto al genial Manuel Seoane y aprender a su lado a ser ganador, a jugar bien pero pensando siempre en el arco de enfrente. Cuando Independiente contrató al gran delantero uruguayo Roberto Porta, Sastre actuó de insider y juntos compusieron una formidable ala que hizo estragos: Porta-Sastre.
En la Copa América de 1937, la Selección Argentina lo requirió como marcador lateral derecho y Sastre deslumbró. En los dos partidos ante Brasil, anuló a la famosa ala izquierda Tim y Patesko. Primero los frenaba, les sacaba la pelota, luego los gambeteaba y salía jugando. Ese era Antonio Sastre. Tras ese sudamericano Independiente contrató a Vicente De la Mata, quién era insider derecho. No hubo problemas, Sastre pasó de insider izquierdo y se formó el fenomenal terceto central De la Mata-Erico-Sastre. Pero antes había descollado también como mediocampista central. Y varias veces jugó con acierto como zaguero.
En 1942, luego de 13 temporadas y tantas alegrias brindadas, Independiente le extendió el pase libre porque Sastre tenía una interesante oferta del San Pablo FC, de Brasil. Era una forma de premiarlo. Ya veterano, "Cuila" (así le decían) llegó a su nuevo club, que nunca había podido ser campeón. Sastre se convirtió en el conductor del equipo y en cuatro años ganaron tres campeonatos y un subcampeonato. En Brasil lo recuerdan como "El Maestro". Según el genial Oswaldo Brandao, "el hombre que nos enseñó a jugar al fútbol". En 1946, vuelto a la Argentina y retirado de la actividad, fue convencido por dirigentes de Gimnasia y Esgrima La Plata de jugar un año. "Gimnasia se fue a la B. Necesitamos ser campeones para volver a Primera", le dijeron. Aceptó a regañadientes. Gimnasia fue campeón bajo la batuta sabia del Maestro. Ese era Antonio Sastre. El que nunca defraudó, el que hacía el gol en el partido más difícil, el compañero de fierro, el adversario leal. Como a Bochini, como a Erico, a De la Mata y a tantos otros, Independiente le debe una gran porción de su enorme grandeza. Antonio Sastre nació en Lomas de Zamora el 27 de abril de 1911 y falleció en Adrogué el 23 de noviembre de 1987.

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RICARDO PAVONI
Titular indiscutido en el equipo de Independiente de todos los tiempos como lateral izquierdo. Podría decirse que fue el marcador de punta perfecto; fuerte, notable en la marca, milagroso salvando goles sobre la raya, autor de 57 tantos en el arco rival, de excelente remate con su pierna izquierda, ganador nato, capitán por naturaleza.
Doce temporadas (1965-1976) de extraordinario nivel lo marcaron a fuego en la idolatría de los hinchas. Su figura vigorosa puede ser recordada de muchas maneras, pero especialmente subiendo con potencia por el lateral izquierdo, clavando un zurdazo en un ángulo para marcar un gol de tiro libre o salvando el gol cuando ya todos daban por caída la valla. Era el prototipo del futbolista uruguayo.
Ricardo Elbio Pavoni nació en Montevideo, Uruguay, el 8 de agosto de 1943 y comenzó su carrera en Defensor. A los 21 años llegó a Independiente para reemplazar a Tomás Rolan, un compatriota suyo de excepcionales condiciones que había sufrido una grave lesión. Nadie hubiera imaginado entonces que Pavoni haría olvidar a Rolan y marcaría una etapa inolvidable en la historia de la institución.
Pavoni fue un coleccionista de títulos: ganó tres campeonatos argentinos, 5 Copas Libertadores, una Intercontinental y 3 Interamericanas. Doce en total. Desde su retiro permanece vinculado a la institución en carácter de entrenador de divisiones inferiores. Por su dimensión de ídolo, ha dirigido interinamente varias veces al equipo de Primera División.
Pavoni debutó en Independiente el 24 de marzo de 1965 en cotejo que, por la Copa Libertadores, Independiente venció a Boca Juniors 2 a 0.
Proporcionó extraordinarias alegrías, nunca supo de un renuncio ni aún en las circunstancias más adversas y su recuerdo está grabado en el alma de todos los independientistas. Un gigante.

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DANIEL BERTONI
En realidad es Ricardo Daniel Bertoni, pero para no confundirlo con Bochini, comenzaron a llamarlo Daniel, y así quedó para siempre. Un grande de la historia, asociado indefectiblemente al genio de Bochini. Porque hasta su llegada a Independiente se produjo por su entendimiento futbolístico con el Bocha.
Días después de cumplir 17 años debutó en la Primera División (categoría "B") con Quilmes. Y de inmediato fue llamado a la Selección Juvenil que se preparaba para el Torneo de Cannes. Allí se encontró con Bochini, que venía de Independiente. Fue como si hubiesen jugado juntos toda la vida. El primer partido de práctica, en cancha de River Plate, deslumbraron al entrenador Rubén Bravo. Unos días más tarde, en cancha de Vélez Sársfield, como preliminar de un encuentro decisivo por el título de 1972 que disputaron River y San Lorenzo, la Selección se despidió del público antes de viajar a Francia. Con el estadio lleno, Bochini y Bertoni dieron una exhibición inolvidable que enloqueció al público. Bertoni marcó tres goles y Bochini dos. En la primera pelota del partido se fueron tocando en pared desde la media cancha y la jugada terminó en gol de Bochini. Allí se abalanzaron todos los clubes en procura del pase de Bertoni, pero prevaleció Independiente y formó la temible dupla que, a partir de 1973, enfervorizó a la hinchada roja durante cinco temporadas. Potente, hábil, de impresionante remate con ambas piernas por potencia y justeza, veloz, goleador, Bertoni fue un delantero de esos que aparecen muy de tanto en tanto en el fútbol. Y resultó la combinación perfecta para el genio creador de Bochini.
Sus paredes antológicas, matemáticas, plenas de vivacidad y sentido ofensivo, están entre los mejores recuerdos del público independientista. Nacido en Bahía Blanca el 14 de marzo de 1955, debutó en la Primera División de Independiente el 6 de mayo de 1973 frente a Vélez Sarsfield (2-2). Finalizó su ciclo en el histórico encuentro en Córdoba, frente a Talleres, el 25 de enero de 1978 cuando Independiente se consagró campeón jugando con 8 hombres. Luego fue transferido al Sevilla, de España, y más tarde triunfó en Italia. Fue campeón mundial con Argentina en 1978 y es uno de los que contribuyó enormemente a ratificar el mote de Diablos Rojos que ostenta el club, por la diabólica habilidad de sus atacantes a lo largo de la historia.
Antes de partir, Bertoni ganó con la camiseta roja (su único club en la Argentina) un campeonato nacional (1977), tres copas Libertadores, una Intercontinental y tres Interamericanas.

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ERNESTO GRILLO
Para graficar con exactitud su estatura de ídolo puede decirse que en 1957, cuando Independiente decidió transferirlo al Milan de Italia, el pueblo independentista lloró. Porque Ernesto Grillo encarnó como pocos al crack soñado, al héroe que juega en el equipo de uno, al muchachito de la película.
Gambeteador imparable, delantero valiente, ganador, genuino representante del fútbol de potrero, fuerte, de inusitada potencia de piernas. Fue debutar en Primera y convertirse en ídolo porque poseía el carisma de los elegidos. Nació en Buenos Aires el 1 de octubre de 1929 y comenzó en la cuarta división de Independiente en 1947. Hizo su estreno en Primera División el 24 de abril de 1949 y sumó 192 encuentros oficiales y 90 goles hasta mediados de 1957, cuando marchó al fútbol italiano.
En derredor suyo se armó la sensacional delantera que acaparó todos los elogios en la década de los '50, y que formó con Rodolfo Micheli, Carlos Cecconato, Carlos Lacasia o Ricardo Bonelli, Ernesto Grillo y Osvaldo Cruz. Deleitaron a propios y extraños, ofrecieron verdaderos festivales futbolísticos y aunque no tuvieron la fortuna de consagrarse campeones, hicieron mucho por la popularidad de Independiente. De todos ellos, Grillo era la gran estrella. Esa delantera marcó un hito: por primera vez en la Selección Argentina el ataque estuvo íntegramente compuesto por los cinco hombres de un mismo club. El 14 de mayo de 1953 Argentina vence a Inglaterra en campo de River Plate con dos de los goles hechos por Grillo. Esa tarde inolvidable, que quedaría en la historia como "la del gol de Grillo a los ingleses" por la excepcional conquista del numero 10, los cinco Diablos Rojos enloquecieron a los 100.000 aficionados que colmaron el estadio y llenaron de orgullo los corazones independientistas. Lo mismo que en diciembre de ese mismo año, cuando Independiente salió de gira por Europa y en España venció por 6 a 0 al célebre Real Madrid de Alfredo Di Stéfano.
Si la palabra espectacular hubiese sido creada especialmente para un futbolista, ese jugador habría sido Ernesto Grillo, ídolo de proporciones gigantescas, inmortal en el sentimiento del hincha.

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JORGE BURRUCHAGA
Una especie de Antonio Sastre de nuestra época: polifuncional, inteligente, dúctil, con facilidad para el gol, ganador, fino armador de juego. También él tuvo la suerte de debutar al lado de un genio que le enseñó lo productivo del fútbol sencillo, a un toque y para adelante. En este caso Ricardo Bochini. En su primera etapa en Independiente, muchas veces actuó en posiciones alejadas del arco contrario. Eso en partidos oficiales de campeonato exclusivamente. En la Copa Libertadores de 1984, que Independiente ganó brillantemente, Burruchaga fue el goleador con 6 conquistas, todas decisivas. En especial el gol de la final ante el Gremio, de Brasil, en Porto Alegre. Autor del tanto decisivo en la final del Campeonato Mundial en México '86 jugando para Argentina.
En 1985, después de haberse coronado campeón argentino en 1983, y de América e Intercontinental en 1984, Independiente lo transfirió al Nantes, de Francia, donde cumplió una gran campaña. Regresó al club en 1995 y nuevamente saboreó un título, el de la Supercopa 1995, en la que tuvo buena participación.
Actualmente sigue siendo uno de los ejes del equipo y uno de los preferidos del hincha. Eximio rematador de penales y conductor de juego a la antigua, poniendose el equipo al hombro en base a calidad. Jorge Burruchaga nació en Gualeguay, Entre Rios, el 9 de octubre de 1962 y comenzó su carrera en Arsenal de Sarandí, en Primera "B" , en 1980. A comienzos de 1982 llegó a Independiente en donde actuó como lateral derecho, en todos los puestos del mediocampo y hasta de delantero. Un grande de Independiente de todas las épocas.

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RAÚL BERNAO
Perteneciente a la cofradía de los punteros geniales. De gambeta impredecible y arranques sorpresivos, enfervorizó al público por su fútbol diferente, pleno de creatividad y talento. Parecía carecer de cintura y tener las piernas duras, sin embargo poseía una habilidad capaz de enloquecer a cualquier marcador. Por cierto, fueron famosos algunos de sus duelos particulares con diversos zagueros izquierdos, por caso, Silvio Marzolini, de Boca Juniors. "Esta noche van a soñar con el Loco", decían orgullosos los hinchas de Independiente.
Se decía que era un jugador discontinuo, pero siempre fue una pieza vital a partir de sus condiciones técnicas y de su gran criterio: Bernao nunca se sacó la pelota de encima por compromiso; la entregaba sólo si veía al compañero bien ubicado y si la jugada podía prosperar; caso contrario, seguía con ella aunque estuviese rodeado.
Fuerte físicamente, delantero sin miedo (principal virtud de un atacante), tenía tardes en que la fiesta era él. Si en la primera pelota que recibía inventaba una genialidad, brotaba de inmediato una frase en miles de bocas: "Hoy el Loco está con los cables pelados, no lo para nadie". Así era. Raúl Emilio Bernao, gran hincha de Independiente, nació en Sarandi, el 5 de noviembre de 1941, y comenzó en las Divisiones Inferiores rojas. Debutó en Primera División en 1962, campeón, como correspondía, a finales de 1970, cuando partió al Deportivo Cali, de Colombia. En sus nueve temporadas Bernao fue tres veces campeón argentino (1963-67-70) y dos veces campeón de la Copa Libertadores de América. Pero, en su caso, los números son meras anécdotas. Lo trascendente fue su juego inimitable e inolvidable, lo mucho que hizo reír a miles de hinchas cuando desairaba a un marcador y todo lo que aportó a la grandeza de Independiente a lo largo de la historia. Fue la que se armó en 1967, bajo la batuta del maestro brasileño Oswaldo Brandao. La integraban Raul Bernao, Raul Savoy, Luis Artime, Hector Yazalde y Aníbal Tarabini. Una máquina destructora de defensas y constructora de fútbol. Pero no se podría terminar una semblanza de Bernao sin recordar aquella noche contra el Santos de Pelé, cuando se inauguró la nueva iluminación del estadio de Avellaneda. Independiente ganó 5 a 1 con una exhibición extraordinaria y Bernao hizo cosas para el asombro. Desde esa noche y hasta el día de hoy, la gente lo amó.

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RUBEN NAVARRO
Representa como pocos el símbolo del amor a la camiseta, la defensa de los colores aún en las circunstancias mas ásperas. El público lo adoró porque entendió que defendía como nadie sus ilusiones, sus sueños, su orgullo.
Hasta la fenomenal aparición de Hugo Villaverde, en 1976, Ruben Marino Navarro encabezaba las preferencias como el mejor zaguero central de todos los tiempos de Independiente. Los más veteranos lo igualaban con el "vasco de hierro", Fermín Lecea, otro que dio tanto por la causa roja. Acaso la definición más perfecta del santiagueño la haya dado Alcídes Silveira, notable defensa uruguayo que brilló en Independiente entre 1960 y 1962 y que fue su compañero: "Nunca ví -dijo Cacho- una persona tan fuerte física y mentalmente como Navarro. Tenía intervenciones tan temerarias que asustaba a propios y extraños". Y vale aclarar que Silveira, hombre de fuertísimo temperamento, actuó en el fútbol uruguayo, en España y también en Boca Juniors.
Nacido en La Banda, Santiago del Estero, el 30 de marzo de 1933, se inició en las Divisiones Inferiores de Independiente y debutó en Primera División en 1952 ante Bánfield. Como buen producto de la cantera, mostró a lo largo de su carrera un cariño excepcional por el club. Dos anécdotas valen para pintar quien era "Hacha Brava", como lo bautizó el público. Una tarde, frente a San Lorenzo, en una jugada en el área roja, Navarro quedó en el suelo y la pelota boyando en el punto del penal, servida para el remate de José Sanfilippo; ante la inminencia de la caída de su valla y sin otro recurso para evitarlo, Navarro puso la cabeza contra la pelota en actitud temeraria. Y no fue gol. La otra fue en Rosario, cuando un delantero de Central le fracturó la pierna. Mientras era llevado en camilla, dolorido, la hinchada roja vivo su nombre y Navarro, levantando su brazo derecho con el puño cerrado la saludó en actitud serena y varonil, como diciendo "Tranquilos, no es nada".
"Hacha Brava" fue campeón argentino en 1960 y 1963 y campeón de la Copa Libertadores en 1965. No participó del título de 1964 debido justamente a la convalecencia de la mencionada lesión. Se alejó en 1966 para ir a jugar en Canadá pero volvió para ocupar diversos cargos en el departamento de Divisiones Inferiores, como corresponde a quien tanto ha hecho por la grandeza del club. Un inolvidable, grabado a fuego en el alma de los hinchas del ROJO.


RAIMUNDO ORSI
Quiso el destino que el mismo día de diciembre de 1920 hicieran juntos su debut en la Primera División de Independiente dos genios del fútbol: Manuel Seoane ("El mejor jugador argentino que yo ví", según el notable Renato Cesarini) y Raimundo Orsi, en adelante "Mumo". Juntos compondrían un ala izquierda demoledora, plena de picardía, talento y gol, como cinco décadas más tarde lo hicieran Ricardo Bochini y Daniel Bertoni.
Hasta la aparición de "Mumo", los punteros sólo corrían por la raya y despachaban el centro. Con él nació el puntero que entraba en diagonal y remataba al gol. Por ello, precisamente, se convirtió en uno de los primeros punteros goleadores. También lo ayudaban sus dos mejores virtudes: una velocidad fantasmal y su excelente remate de zurda con el balón en movimiento.
Rápidamente destacado, integró numerosas veces la Selección Argentina. Porque era un jugador nacido para el gran nivel internacional. Y su consagración llegó en Los Juegos Olímpicos de 1928. Por sus velocísimas entradas fue apodado allí "El cometa de Amsterdam". Lo vieron dirigentes italianos y fue transferido a la Juventus. Su actuación en la península no pudo ser más espectacular: llegó y fue cinco veces campeón de Italia, siempre siendo figura, siempre convirtiendo goles. Y en 1934 se consagró campeón mundial defendiendo los colores de Italia, con una participación decisiva. Fue carta de triunfo y autor de tres goles. En la final, Italia perdía 1-0 ante Checoslovaquia. Se derrumbaba el sueño azurra. Pero faltando 4 minutos para el final, en una de sus clásicas entradas por la izquierda, llego al borde del área chica y sacó un zurdazo imparable. ¡Gol de Orsi! Empate y alargue. Y en tiempo suplementario llegó el gol del triunfo italiano. Orsi fue el extranjero que más veces vistió la casaca de Italia: 35. Y marcó 13 goles. Aún hoy es un prócer del fútbol peninsular.
Esa superestrella surgió de las filas rojas y deleitó a sus hinchas durante ocho temporadas. Fue campeón de 1922 y 1926 y autor de decenas de goles. A la vuelta de Europa, en 1935, Orsi volvió a vestir la camiseta de los Diablos Rojos, aunque ya estaba en el final de su extraordinaria carrera.
Orsi nació en Avellaneda el 2 de diciembre de 1901 y falleció en Chile el 6 de abril de 1986. Su nombre está inmortalizado en la galería de los grandes de todas las épocas de Independiente.

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GUSTAVO LÓPEZ
Pertenece a las nuevas generaciones de ídolos. Pero reunía tres elementos claves para ser adorado por el soberano rojo: grandes cualidades técnicas, haber surgido de las Divisiones Inferiores y ser hincha de Independiente. Por eso, en el poco tiempo que estuvo en el club se convirtió en un referente histórico. Y también por las grandes alegrías que proporcionó. Antes de partir para el Zaragoza, de España, ganó cuatro títulos con Independiente. Nacido el 13/4/73 en Valentin Alsina, provincia de Buenos Aires, Ricardo Bochini en su época de entrenador lo hizo debutar en Primera División en 1991 frente a Boca Juniors (1-1).
Hasta fines de 1995, en que fue transferido al fútbol español, dio amplias muestras de la magia de su zurda maravillosa, de su sentido ofensivo, de su gambeta hacia adelante y de sus pases "bochinescos". En ese lapso fue campeón argentino en 1994 integrando un magnífico equipo con Daniel Garnero, Sebastián Rambert, Pablo Rotchen, Albeiro Usuriaga, entre otros, y luego se consagró bicampeón de la Supercopa en 1994 y 1995, por último, ganó la Recopa Sudamericana en 1995, en Kobe, Japón, frente a Vélez Sársfield. Su lugar en el corazón del hincha se mantiene intacto. Tal vez el destino quiera que regrese a las filas rojas para seguir disfrutando de su fútbol, que es el mismo que inculcaron Seoane y Erico en los comienzos de la gran historia.

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Goleadores Rojos

Nombre

Goles

Partidos

1. Arsenio Pastor Erico (1934-46)

293

325

2. Vicente De La Mata (1937-50)

151

362

3. Antonio Sastre (1931-42)

112

340

4. Ricardo Enrique Bochini (1972-91)

97

638

5. Norberto Daniel Outes (1975-80)

90

173

6. Camilo Cervino (1944-9/1955-7)

89

194

7. Ernesto Grillo (1949-57)

89

194

8. Anibal Roberto Tarabini (1966-70)

77

163

9. Antonio Alzamendi (1978-82)

75

185

10. Héctor Casimiro Yazalde (1967-70)

72

113

11. José Zorrilla (1934-41)

66

184

12. Carlos Lacasia (1950-53)

59

103

13. Eduardo Andrés Maglioni (1969-73)

59

136

14. Elvio Ricardo Pavoni (1965-76)

57

423

15. Enzo Trossero (1975-9/1981-5)

55

308


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